Historias · Personajes históricos
El carlino en la historia: el perro de la realeza europea, de Guillermo de Orange a Hogarth
Salvó al fundador de los Países Bajos, mordió a Napoleón en su noche de bodas y acompañó a María Antonieta en la celda. La historia real del carlino.
Lo que la gente compra hoy creyendo que es un perro de bolso lleva en los genes algo muy distinto. El antepasado documentado del que va con jersey navideño por Malasaña salvó la vida del fundador de los Países Bajos durante el sitio de Mons en 1572. Otro mordió a Napoleón en su noche de bodas y le dejó una cicatriz para siempre. Un tercero acompañó a María Antonieta hasta su celda en la Conciergerie. Y un cuarto, propiedad de William Hogarth, fue retratado en 1745 con tal protagonismo que la propia cara del pintor parece imitar la del perro. La historia del carlino tiene poco de frívola. Es probablemente la raza con el currículum cortesano más sólido de Europa, y la única que ha sido proclamada oficialmente perro nacional de una casa real.
¿De dónde viene un perro de cara aplastada que acabó en todas las cortes europeas?
El origen está documentado en China, donde los perros de hocico chato eran apreciados desde la dinastía Han como animales de palacio. Las primeras representaciones aparecen en estatuillas funerarias de los siglos I al III. Lo que hoy llamamos carlino o pug es, técnicamente, un molosoide miniaturizado: la FCI lo clasifica en el grupo 9 (perros de compañía), sección 11 (molosoides de talla pequeña), con el estándar 253 vigente desde 2011. El nombre español carlino no tiene nada que ver con China ni con Holanda. Viene de Francia y rinde homenaje al actor italiano Carlo Antonio Bertinazzi (1710-1783), célebre en la Comédie-Italienne con el nombre artístico de Carlin. Bertinazzi se subía al escenario con una máscara negra que cubría parte de su cara, y al pueblo francés le pareció que esos perros con la mascarilla oscura se le parecían demasiado. El apodo se fijó.
A Europa lo trajeron, según la documentación de la propia raza, los comerciantes de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (la VOC) en las últimas décadas del siglo XVI. Los Países Bajos fueron la primera puerta. De ahí saltó a media nobleza europea en cien años. Repasamos los cinco capítulos verificables.
¿Cómo un carlino salvó al fundador de los Países Bajos en 1572?
Guillermo I de Nassau, llamado el Taciturno o el Silencioso, fue el líder de la sublevación de los Países Bajos contra Felipe II de España. Para situarlo: si hoy existe el reino de los Países Bajos, fue, en gran medida, por su empeño. Durante la campaña del verano de 1572, durante el sitio de Mons, Guillermo dormía en una tienda de campaña en las cercanías de la actual frontera francobelga, escoltado por una pequeña guardia personal. La noche del intento de asesinato (asesinos enviados, según la tradición protestante, por los hombres del duque de Alba), un perrito que dormía con él empezó a ladrar y arañar la cama hasta despertarlo, antes de saltarle a la cara. El príncipe pudo escapar a tiempo.
La fuente principal de la historia es la obra Apologie ou Défense de son Excellence Guillaume de Nassau, publicada por el propio Guillermo en 1581. La identificación del perro como carlino aparece en tradiciones posteriores, sobre todo en literatura cinófila del siglo XX (Phil Maggitti, Pugs, 2000). Otros historiadores, basándose en evidencias artísticas, defienden que pudo tratarse de un Kooikerhondje, una raza neerlandesa de cobro de patos, más coherente con las costumbres cortesanas locales de la época. El propio nombre del perro, Pompey, aparece en escritos del siglo XVIII, no contemporáneos. Tómese, por tanto, con la cautela debida.
Lo que sí está documentado es lo que vino después. Guillermo proclamó al carlino perro oficial de la Casa de Orange, distinción que la raza conserva en términos heráldicos hasta hoy. Cuando el príncipe fue asesinado de un disparo en su residencia de Delft, el 10 de julio de 1584, por Balthasar Gérard, su monumento funerario en la Nieuwe Kerk incluyó a un perro tendido a sus pies. La maqueta en terracota que hizo Hendrick de Keyser para esa estatua se conserva en el Rijksmuseum de Ámsterdam.
¿Cómo llegaron los carlinos a Inglaterra?
Cuando Guillermo III de Orange, biznieto del Taciturno, fue coronado rey de Inglaterra junto a su esposa María II en la llamada Revolución Gloriosa (1689), cruzó el canal con su corte. En esa corte iban varios carlinos. Es la fecha que la cinofilia inglesa marca como entrada oficial de la raza en las islas, aunque hay evidencias de ejemplares anteriores en grabados de mediados del XVII. La nobleza inglesa los adoptó con entusiasmo. Durante el siglo XVIII no había prácticamente retrato familiar aristocrático que no incluyera, en algún rincón, a uno de estos perros con su máscara negra.
¿Quién fue Trump, el carlino de William Hogarth?
Para entender la fama de Trump conviene saber quién era su dueño. William Hogarth (1697-1764) fue el pintor satírico inglés más importante de su siglo, autor de series como A Rake's Progress o Marriage A-la-Mode. En 1745, Hogarth se autorretrató en el lienzo titulado The Painter and his Pug, hoy en la Tate Britain. El cuadro está organizado en dos planos: en el fondo, un óvalo con el rostro del artista en perspectiva trompe-l'œil; en primer plano, su carlino Trump, retratado con tanto detalle como el propio pintor. Hogarth dijo abiertamente que se identificaba con el carácter de su perro: tozudo, terco, peleón. El sociólogo del arte Ronald Paulson, en su biografía de Hogarth, sugiere que el cuadro funciona como retrato doble.
Hay un detalle relevante para los dueños de carlinos actuales. Si miras la imagen de Trump, verás que tiene hocico. Un hocico notablemente más largo que el del carlino contemporáneo. Eso es porque la cría selectiva del siglo XX privilegió cabezas cada vez más aplastadas, lo que ha disparado los problemas respiratorios de la raza. El Trump de Hogarth se parece más a un carlino retro (la línea llamada retro pug, cruzado deliberadamente con razas de hocico más alargado para devolverle viabilidad respiratoria) que a un ejemplar de exposición FCI de 2026. El estándar oficial vigente, conviene saberlo, especifica como falta cualquier desviación que afecte a «la salud y el bienestar del perro». La tendencia a estandarizar caras cada vez más planas es responsabilidad de cómo se interpreta. No es responsabilidad del estándar.
¿Tuvo María Antonieta realmente un carlino llamado Mops?
La respuesta corta: la historia tal como se cuenta es probablemente un mito decimonónico. La explicación útil necesita más espacio.
En alemán, mops significa, simplemente, «carlino». Es la palabra común para la raza, equivalente a decir «doguillo» en español. No funciona como nombre propio. Cuando los biógrafos de María Antonieta del siglo XX (notablemente Stefan Zweig, 1932, y luego Antonia Fraser, 2001) hablaron de su «pug llamado Mops», estaban probablemente traduciendo mal la expresión un chien mops («un perro de raza carlino») de la correspondencia austriaca del momento. La carta verificable es de mayo de 1770: la futura reina, recién llegada a Versalles, pidió por escrito al conde Mercy-Argenteau, embajador austriaco, que le hiciera enviar desde Viena un chien mops, sin nombre, simplemente «un carlino». Le llegó.
La escena que sale en la película María Antonieta de Sofía Coppola (2006), en la que un perrito es arrancado de los brazos de la archiduquesa en la frontera francesa, no aparece en las fuentes contemporáneas (cartas, memorias de damas de compañía, correspondencia diplomática). Es probable que sea una invención del XIX para añadir tintes melodramáticos al relato del viaje nupcial. Lo que sí está documentado, en cambio, es lo que pasó al final. Durante los últimos meses de su vida, recluida en la Conciergerie, María Antonieta tuvo un perro pequeño en la celda. Tras la ejecución de la reina, el 16 de octubre de 1793, el perro siguió entrando a la celda cada mañana durante tres meses para olfatear el colchón donde había dormido. Lo testimonia monseñor de Salamon, prisionero contemporáneo, en sus memorias. Si era el mismo perrito o uno distinto, no se sabe.
¿Por qué un carlino mordió a Napoleón en su noche de bodas?
El 9 de marzo de 1796 se celebró el matrimonio civil de Napoleón Bonaparte (entonces general de veintiséis años, recién nombrado jefe del Ejército de Italia) y Joséphine de Beauharnais (viuda, seis años mayor, dos hijos). Napoleón llegó dos horas tarde a la ceremonia. Mal arranque. Esa misma noche, Fortuné, el carlino que dormía habitualmente en la cama de la novia, mordió al recién casado en la pantorrilla cuando este se metió bajo las sábanas. Joséphine se negó a desalojar al perro. Napoleón pasó el resto de la noche con compresas frías en la pierna, quejándose en voz alta de que «se moría de hidrofobia». No murió de eso. Le quedó una cicatriz que se llevó a la tumba.
Fortuné tenía currículum previo. Cuando Joséphine había estado encarcelada durante el Terror, en 1794, en la prisión de Les Carmes, el carlino fue el correo entre ella y sus dos hijos, llevando los mensajes ocultos bajo el collar. Es la primera misión documentada de mensajería canina de la Francia revolucionaria, aunque conviene relativizar el adjetivo «documentada»: lo cuenta la propia Joséphine en sus memorias, dictadas mucho después.
El perro murió poco después de la boda, en la residencia milanesa de Montebello, en una pelea con el mastín del cocinero. Joséphine consiguió otro carlino casi inmediatamente. Una mañana, el cocinero le pidió perdón a Napoleón por lo ocurrido y le aseguró que tenía a su mastín encerrado. La respuesta del general, recogida en las memorias del dramaturgo Antoine-Vincent Arnault, no admite discusión: «Suéltelo otra vez. A ver si me libra también de este».
¿Por qué la reina Victoria tuvo varios carlinos?
Tras un siglo y medio de moda, los carlinos seguían siendo perros de palacio cuando subió al trono Victoria del Reino Unido. La reina (que tuvo más de seiscientos animales a lo largo de su vida) mantuvo varios carlinos en las perreras reales de Windsor en las décadas de 1870 y 1880. Los nombres documentados en los registros fotográficos del estudio Bambridge son: Olga, Pedro, Minka, Fatima, Venus y Basco. El interés de la reina por la raza coincidió con un periodo de variedad cromática expandida: hasta 1877, los carlinos en el Reino Unido habían sido casi siempre leonados con máscara negra. Ese año, lady Brassey trajo de Oriente una pareja de carlinos enteramente negros, y el color se popularizó. Victoria incluyó ejemplares de ambos colores en sus perreras.
La reina convirtió, además, varias de sus razas favoritas en objeto de exhibición pública en Crufts a partir de 1891. La fama del carlino, sin embargo, empezaría a declinar al final del siglo XIX, desplazada por la moda del pomerania (la raza, también de Victoria) y, sobre todo, del pequinés (con la pequinesa Looty como ejemplo más visible).
¿Es buena raza para vivir en un piso en España?
Sí, con condiciones. El carlino es un perro de compañía concebido históricamente para vivir en interiores cortesanos, con paseos moderados, comida regular y mucho contacto humano. Encaja bien en pisos medianos (un español medio de 60-90 m² es más que suficiente), tolera bien la convivencia con niños y otros animales, y no tiene necesidad de ejercicio intenso. Aún así, hay dos avisos no negociables.
El calor andaluz, levantino o madrileño de julio es su enemigo. Por morfología, los perros braquicéfalos (los de hocico chato) ventilan peor, regulan peor la temperatura y entran en estrés térmico a partir de los 25 grados con humedad. Si vives en Sevilla, Valencia, Murcia o Córdoba, hay que adaptar los paseos al amanecer y al anochecer, evitar el asfalto caliente bajo las almohadillas y tener aire acondicionado en casa.
La obesidad es la patología más frecuente en la raza. Los estudios británicos publicados en The Veterinary Record en los últimos años cifran en torno al 65 % los carlinos con sobrepeso clínico. Un carlino gordo agrava sus problemas respiratorios, sus articulaciones y su esperanza de vida. La ración diaria recomendada por la FCI es de unos 150 g de alimento seco para un adulto de 7 kg, pero conviene contrastarlo con el veterinario.
Ficha técnica completa
Identificación
| Campo | Dato |
|---|---|
| Nombre canónico | Carlino |
| Otros nombres | Pug (inglés), Mops (alemán), doguillo |
| Origen | China (antiguo) |
| Patrocinio FCI | Reino Unido |
| Estándar FCI | N.º 253 |
| Fecha de publicación del estándar vigente | 16 de febrero de 2011 |
| Grupo FCI | 9 (perros de compañía) |
| Sección FCI | 11 (molosoides de talla pequeña) |
| Prueba de trabajo | No requerida |
Físico
| Campo | Dato |
|---|---|
| Peso ideal | 6,3-8,1 kg (FCI) |
| Altura a la cruz | 25-30 cm aprox. (no especificada en el estándar) |
| Pelaje | Corto, fino, liso, denso, brillante |
| Colores admitidos | Plata, albaricoque, leonado claro, negro |
| Marcas | Máscara negra, estría dorsal, lunares de mejilla |
Salud
| Patología | Prevalencia / nota |
|---|---|
| Síndrome braquicéfalo obstructivo (BOAS) | Muy frecuente; afecta a la mayoría de ejemplares en grado variable |
| Encefalitis necrotizante del carlino (PDE) | Genética; aparece entre los 8 y 18 meses; suele ser mortal |
| Displasia de cadera | Frecuente; OFA recomienda test radiográfico antes de la cría |
| Atrofia progresiva de retina (PRA) | Genética; test de ADN disponible |
| Obesidad | Patología más diagnosticada en la raza en Reino Unido (>60 %) |
| Esperanza de vida media | 12-15 años |
Carácter y estilo de vida
| Campo | Dato |
|---|---|
| Energía | Baja a moderada |
| Adiestrabilidad | Media (raza obstinada, con momentos de «sordera selectiva») |
| Ladrido | Bajo; ladra de alerta, no en continuo |
| Convivencia con niños | Excelente |
| Convivencia con otros perros | Buena |
| Convivencia con gatos | Buena |
| Necesidad de ejercicio diario | 30-45 minutos repartidos en dos paseos |
| Apto para piso | Sí |
| Tolerancia al calor | Baja |
| Tolerancia al frío | Media-baja |
| Aseo | Cepillado semanal y limpieza diaria de pliegues faciales |
Mercado España (2026)
| Campo | Dato |
|---|---|
| Precio de cachorro con pedigrí | 1.200-2.000 € en criadores RSCE |
| Disponibilidad en rescates | Frecuente; muchos carlinos llegan a protectoras por problemas de salud sobrevenidos |
| Gasto anual estimado | 1.000-1.500 € (alimentación, veterinario, peluquería de uñas y pliegues) |
Conclusión: ¿es un carlino para ti?
Si quieres un perro de tamaño manejable, sociable, sin necesidad de pista de agility y que se adapta a un piso urbano, el carlino encaja. Si eres deportista, vives en una zona muy calurosa, no toleras los ronquidos por la noche o no tienes paciencia para meter al perro al veterinario varias veces al año, mejor mira otra raza. La salud del carlino moderno arrastra peso histórico (literalmente), y aunque la línea retro está mejorando la calidad respiratoria de la raza, todavía hablamos del perro de compañía con más patologías braquicéfalas documentadas en Europa.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto vive un carlino en buenas condiciones?
Entre 12 y 15 años, según los datos consolidados por la FCI y The Kennel Club británico. Con sobrepeso, problemas respiratorios sin tratar o ejercicio inadecuado en verano, la cifra puede bajar a 9-10 años.
¿Cuál es la diferencia entre carlino, pug y mops?
Ninguna. Son tres nombres para la misma raza. Carlino es el nombre en español (e italiano y francés), pug es la denominación inglesa internacional, y Mops es la alemana. El estándar FCI los unifica bajo el código 253.
¿Por qué los carlinos roncan tanto?
Por su morfología braquicéfala. El paladar blando alargado, las fosas nasales estrechas y la tráquea proporcionalmente pequeña obstaculizan el flujo de aire. Es el llamado síndrome BOAS (Brachycephalic Obstructive Airway Syndrome). En casos graves requiere cirugía correctiva. Si tu carlino ronca en reposo, jadea tras paseos cortos o se atraganta con la comida, conviene una consulta veterinaria especializada.
¿Es buen perro guardián?
No de protección, sí de alerta. Ladra a ruidos extraños y a desconocidos en la puerta, pero su tamaño y su carácter sociable lo descartan como perro de defensa.
¿Qué carlinos famosos hay en el cine y la cultura pop?
Frank, el carlino que habla con voz de Tim Robbins en Men in Black (1997 y 2002). Otis, el carlino de la película El loco viaje de Los Ángeles a San Francisco (1986). Y, en clave nostálgica, los carlinos que aparecen en Marie Antoinette (2006) de Sofia Coppola, aunque con la salvedad ya comentada sobre el mito de Mops.
¿Dónde puedo ver el cuadro de Hogarth con su carlino?
En la Tate Britain, en Londres, sala 1735. Entrada gratuita. El cuadro The Painter and his Pug lleva el número de inventario N00112 y se exhibe permanentemente.
Fuentes consultadas
- Federación Cinológica Internacional, FCI-Standard N° 253, Pug (16 de febrero de 2011)
- Real Sociedad Canina de España, ficha oficial de la raza Carlino
- Club Español del Carlino, estándar y documentación histórica
- Maggitti, P. (2000), Pugs: A Complete Pet Owner's Manual, Barron's Educational Series
- Matthews, M. (2018), The Pug Who Bit Napoleon: Animal Tales of the 18th and 19th Centuries, Pen & Sword
- Rijksmuseum, ficha del modelo en terracota de Hendrick de Keyser para la estatua funeraria de Guillermo I de Orange con Pompey
- Nieuwe Kerk de Delft, registro del monumento sepulcral de Guillermo el Taciturno
- National Portrait Gallery, Londres, ficha de The Painter and his Pug de William Hogarth (1745, NPG 112)
- Royal Collection Trust, fichas de los carlinos de la reina Victoria en las perreras reales de Windsor
- Inviting History (2021), 'The Myth of Mops: Marie Antoinette, Mistranslations and the Pug Who Wasn't There'