Historias · Personajes históricos
Greyfriars Bobby: el skye terrier que veló una tumba en Edimburgo durante 14 años
La leyenda dice que un skye terrier llamado Bobby custodió la tumba de su dueño en Edimburgo durante 14 años. Qué está documentado, qué es leyenda victoriana y por qué hay una estatua.
En el cruce de Candlemaker Row con George IV Bridge, en pleno casco viejo de Edimburgo, hay una pequeña estatua de bronce sobre una fuente de granito. Representa a un perro sentado, de pelo largo y hocico fino. Lo tocan miles de turistas al año, hasta el punto de que la nariz brilla de tanto roce y el ayuntamiento ha tenido que pedir que la dejen en paz. El perro se llamaba Bobby, y la historia que lo hizo famoso es la de un skye terrier que, según la versión más repetida, pasó 14 años durmiendo sobre la tumba de su dueño en el cementerio de Greyfriars. Es uno de los relatos de fidelidad canina más conocidos del mundo. También uno de los más discutidos por los historiadores.
La leyenda tal y como se cuenta
La versión tradicional, popularizada en la época victoriana y fijada para siempre por la novela de la estadounidense Eleanor Atkinson en 1912 y por la película de Walt Disney de 1961, va así.
Un hombre llamado John Gray trabajaba para la policía de Edimburgo. Tenía un terrier al que llamaba Bobby. Cuando Gray murió de tuberculosis (las fuentes sitúan su fallecimiento el 15 de febrero de 1858), lo enterraron en el cementerio de Greyfriars, el camposanto que rodea la iglesia de Greyfriars Kirk, en la Old Town. Bobby, según el relato, se negó a abandonar la tumba. Los guardas del cementerio lo echaban una y otra vez, porque estaba prohibido que los perros entraran, y él volvía siempre. Al final se rindieron y le dejaron un cobijo cerca de la sepultura. Allí permaneció, dice la leyenda, casi catorce años, comiendo gracias a la gente del barrio y a un cercano dueño de taberna, hasta que murió de viejo.
El detalle administrativo que más se cita es real y verificable. En 1867, una ordenanza obligaba a registrar y poner bozal a los perros sin dueño de Edimburgo, y un perro sin licencia podía ser sacrificado. Para salvar a Bobby, el entonces Lord Provost de la ciudad, Sir William Chambers, pagó de su bolsillo la licencia del perro y le regaló un collar con una placa de latón. Ese collar se conserva hoy en el Museum of Edinburgh, y es una de las pocas piezas físicas, tangibles, que sobreviven de toda la historia.
Lo que está documentado y lo que es relato
Conviene separar el grano de la paja, porque aquí casi todo el mundo da por buena la película.
Hay hechos con respaldo documental. Existió un perro pequeño y de pelo largo que vivió en los alrededores del cementerio de Greyfriars durante años a mediados del siglo XIX. Se hizo popular en el barrio. El Lord Provost le pagó la licencia en 1867 (esto figura en registros municipales). El perro murió el 14 de enero de 1872. Le hizo la necropsia el profesor Thomas Walley, del Edinburgh Veterinary College, que concluyó que la causa de la muerte fue un cáncer de mandíbula. Lo enterraron justo dentro de la verja del propio cementerio de Greyfriars, a poca distancia de la zona donde se supone que descansa John Gray. Y en ese mismo año, 1872, se levantó la fuente con la estatua.
Lo que ya no tiene el mismo respaldo es la parte emotiva: que el perro perteneciera con seguridad a John Gray, que durmiera literalmente sobre su tumba, y que lo hiciera durante catorce años por puro duelo. Esa es la capa de relato, y en torno a ella hay un debate histórico serio.
La tesis revisionista: ¿hubo dos Bobbys?
El historiador médico sueco Jan Bondeson publicó en 2011 el libro Greyfriars Bobby: The Most Faithful Dog in the World, donde desmonta buena parte de la versión oficial tras revisar prensa de la época, grabados y cuadros. Sus conclusiones son incómodas para quien creció con la película.
Bondeson sostiene que la historia funcionó, al menos en parte, como un reclamo comercial victoriano. El curador del cementerio y el dueño de una taberna cercana habrían tenido interés en mantener al perro allí, bien alimentado, porque atraía visitantes y clientela. Según esta lectura, Bobby fue un terrier bien cuidado y feliz que cazaba ratas en el recinto y al que el vecindario daba de comer con gusto, lejos de la imagen del animal consumido por la pena que apenas probaba bocado sobre una tumba.
El argumento más llamativo es el de los dos perros. Al comparar dibujos y pinturas de distintas fechas, Bondeson cree distinguir dos animales diferentes: un primer Bobby de aspecto tosco, más parecido a un chucho mestizo, que habría muerto hacia 1867; y un segundo perro, este sí un skye terrier de mejor estampa, que lo habría sustituido y que es el que vivió hasta 1872 y el que sirvió de modelo para la estatua. Si la hipótesis es correcta, el animal que la gente fue a llorar y el que inspiró el monumento no serían el mismo.
Bondeson añade un dato de contexto que ayuda a entender el escepticismo: el del perro fiel del cementerio es un mito recurrente en toda Europa. Varios de los grandes camposantos de París tuvieron su propio perro doliente que supuestamente velaba a un amo. Es un patrón cultural, un molde narrativo que se repite, y eso obliga a tratar cada caso concreto con cautela en lugar de aceptarlo tal cual.
Ninguna de estas objeciones está cerrada del todo. No hay un certificado que diga sin margen de duda qué perro era Bobby ni de quién era exactamente. Por eso la postura honesta es la del matiz: el fenómeno social y comercial está bien documentado; la versión sentimental sobre el duelo de catorce años es leyenda, plausible en parte, exagerada con casi total seguridad.
El skye terrier: una raza tan rara como antigua
La raza atribuida a Bobby tiene su propia historia, y merece la pena conocerla porque hoy está al borde de la desaparición.
- FCI: el skye terrier figura como Estándar N.º 75, grupo 3 (terriers), sección 2 (terriers de talla pequeña). El American Kennel Club lo encuadra en su grupo de terriers.
- Origen: toma el nombre de la isla de Skye, la mayor de las Hébridas Interiores, frente a la costa noroeste de Escocia. Se desarrolló a lo largo de siglos como terrier de trabajo para exterminar alimañas en granjas y madrigueras. Es una de las razas escocesas más antiguas.
- Aspecto: un perro largo y bajo, según el estándar el doble de largo que de alto, con una línea dorsal nivelada. El American Kennel Club lo describe como una de sus razas de silueta más reconocible.
- Pelaje: doble. La capa externa es dura, lisa y lacia, pegada al cuerpo y partida de forma natural a lo largo del lomo; la capa interna es corta, suave y lanosa. Ese manto largo que cae sobre los ojos es la firma visual de la raza.
- Orejas: hay dos variedades, una de orejas erguidas (la más común) y otra de orejas caídas.
- Tamaño: la alzada ideal a la cruz ronda los 25 cm (diez pulgadas) en los machos, algo menos en las hembras. El peso se mueve en torno a los 16-20 kg (de 35 a 45 libras en los machos), bastante para un perro tan pequeño de alzada, por su construcción compacta y alargada.
- Esperanza de vida: con buenos cuidados, suele situarse en torno a los 12-14 años.
- Carácter: el estándar lo retrata como un perro elegante y digno, de un solo dueño, desconfiado con los extraños y a la vez nunca agresivo de forma gratuita. El American Kennel Club resume su temperamento con la imagen de un perro pequeño con "corazón de león". Es valiente, reservado y muy vinculado a su persona de referencia.
Una raza al borde de la extinción
Aquí viene el dato que da otra dimensión a la historia de Bobby. El skye terrier, pese a su fama mundial gracias a esta leyenda, es una de las razas autóctonas británicas más amenazadas.
The Kennel Club británico mantiene una lista de razas nativas vulnerables (Vulnerable Native Breeds): razas originarias de Gran Bretaña e Irlanda con menos de 300 inscripciones anuales de cachorros. El skye terrier figura en esa lista desde hace años, con cifras de registro muy bajas, del orden de unas pocas decenas de camadas al año en todo el Reino Unido. Está, de hecho, entre las razas británicas que el propio club considera en mayor riesgo de desaparecer.
La paradoja es evidente: el perro que millones de personas conocen por una estatua en Edimburgo pertenece a una raza que cada vez nace menos. Si Bobby fuese un embajador de la conservación canina, su recado sería sencillo: una raza con siglos de historia puede extinguirse en una generación si nadie la cría.
Visitar a Bobby hoy en Edimburgo
Quien viaje a Edimburgo puede seguir el rastro completo de la historia en unos pocos cientos de metros.
- La estatua y la fuente: están en la esquina de Candlemaker Row con George IV Bridge, frente a la entrada del cementerio. La escultura de bronce, obra del escultor William Brodie y fechada en 1872, corona una fuente de granito. La costumbre turística de frotar la nariz del perro "para tener suerte" ha dañado la pátina, y las autoridades piden no hacerlo.
- La tumba de Bobby: se encuentra justo dentro de la verja del cementerio de Greyfriars, señalizada con una lápida de granito rosado colocada mucho después de su muerte. Sobre ella suele haber palos y juguetes que dejan los visitantes.
- La supuesta tumba de John Gray: también en Greyfriars, con una placa moderna que la identifica, aunque su localización exacta forma parte del relato más que de la documentación firme.
- El collar: la pieza con más valor histórico de toda la historia, el collar con placa que costeó Sir William Chambers en 1867, se exhibe en el Museum of Edinburgh, en la Royal Mile.
Por qué la historia importa, sea leyenda o no
La fuerza del relato de Greyfriars Bobby no depende de cuántos años exactos durmiese un perro sobre una tumba ni de si fueron uno o dos animales. Lo que la historia capturó, y por eso se convirtió en leyenda, es algo real sobre el vínculo entre las personas y los perros: la idea de una lealtad que sobrevive al dueño. El Edimburgo victoriano necesitaba ese símbolo y lo construyó, con una parte de hechos comprobables y otra parte de adorno sentimental.
Conviene quedarse con las dos cosas a la vez. Por un lado, el escepticismo del historiador, que recuerda que muchos "perros fieles de cementerio" fueron relatos fabricados o exagerados. Por otro, el reconocimiento de que ese mito, fabricado o no, sirvió para algo bueno: puso en el centro de una ciudad entera la idea de que la fidelidad de un perro merece una estatua. Para una raza tan rara como el skye terrier, que hoy lucha por no desaparecer, ese recordatorio en bronce no es poca cosa.
Preguntas frecuentes
¿De qué raza era Greyfriars Bobby?
La tradición lo describe como un skye terrier, una raza autóctona escocesa de la isla de Skye, pequeña, de cuerpo alargado y pelo largo. Algunos análisis recientes de retratos antiguos han puesto en duda que el primer Bobby fuese realmente un skye terrier de pura raza, y apuntan a un mestizo. El skye terrier es la versión asentada en la leyenda y la representada en la estatua.
¿Es verdad que veló la tumba durante 14 años?
Está documentado que un perro vivió en los alrededores del cementerio de Greyfriars durante años, que el ayuntamiento le pagó la licencia en 1867 y que murió en enero de 1872. La parte de que durmiera literalmente sobre la tumba de su dueño durante catorce años por duelo es la capa de leyenda, cuestionada por el historiador Jan Bondeson, que la considera en buena medida un reclamo comercial victoriano.
¿Quién era el dueño de Bobby?
La versión popular dice que era John Gray, un trabajador de la policía de Edimburgo fallecido de tuberculosis en 1858 (en el relato aparece a veces como jardinero, a veces como vigilante nocturno). Que el perro fuese suyo con certeza es uno de los puntos que el revisionismo histórico no da por probado.
¿De qué murió Bobby y dónde está enterrado?
Murió el 14 de enero de 1872. La necropsia del profesor Thomas Walley, del Edinburgh Veterinary College, atribuyó la muerte a un cáncer de mandíbula. Está enterrado dentro del cementerio de Greyfriars, cerca de la entrada, con una lápida colocada con posterioridad.
¿Por qué el skye terrier es una raza tan rara hoy?
Porque sus cifras de cría han caído mucho. The Kennel Club británico lo incluye entre sus razas nativas vulnerables, las que registran menos de 300 cachorros al año, y el skye terrier se cuenta entre las más amenazadas de esa lista pese a su fama internacional gracias a Bobby.
Fuentes consultadas
- American Kennel Club, ficha oficial de la raza Skye Terrier, akc.org/dog-breeds/skye-terrier
- Fédération Cynologique Internationale, Estándar N.º 75 (Skye Terrier), grupo 3 sección 2, fci.be
- The Kennel Club (Royal Kennel Club), Vulnerable Native Breeds, royalkennelclub.com/about-us/resources/vulnerable-native-breeds
- Bondeson, J. (2011), Greyfriars Bobby: The Most Faithful Dog in the World, Amberley Publishing
- Atkinson, E. (1912), Greyfriars Bobby, novela; base del filme de Walt Disney de 1961
- Museum of Edinburgh (Museums and Galleries Edinburgh), colección del collar de Greyfriars Bobby
- Wikipedia, entrada Greyfriars Bobby, contrastada con las fuentes citadas en el frontmatter