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Lord Byron y Boatswain: la historia del terranova al que un poeta dedicó la tumba más grande de Newstead Abbey
En 1808, Lord Byron limpió la baba de su terranova rabioso con la mano desnuda. Cuando el perro murió, le encargó una tumba más grande que la suya propia.

Imagínate la escena. Otoño de 1808, Newstead Abbey, Nottinghamshire. Un joven de veinte años con cojera congénita, recién licenciado en Cambridge, está arrodillado al lado de un perro enorme tumbado de costado. El perro tiene rabia. Las paroxismos le hacen babear sin parar y morder al aire. El joven, sin guantes y sin tomar precaución alguna, le va limpiando la baba con su propia mano. Lo cuenta Thomas Moore, biógrafo del poeta y amigo personal, en sus Letters and Journals of Lord Byron (1830). El joven era el sexto barón Byron, autor a esas alturas de apenas dos libros de poemas. El perro se llamaba Boatswain. Ese gesto le habría podido costar la vida. No sabía, ni nadie sabía aún en 1808, que la rabia se contagia exactamente así.
¿Quién era Boatswain antes de llegar a Newstead Abbey?
Boatswain (que significa «contramaestre», el cargo náutico) nació en mayo de 1803, probablemente en Terranova. La tradición familiar de los Byron dice que llegó al Reino Unido siendo cachorro, importado a través del puerto de Liverpool en los años en que la raza empezaba a ponerse de moda en la nobleza inglesa. Los terranovas, perros de pescador acostumbrados a saltar al Atlántico Norte para rescatar redes y náufragos, habían fascinado a los marinos británicos durante el siglo XVIII. Tenían un pelaje impermeable, las patas palmeadas (sí, los terranovas tienen los dedos unidos por una membrana, como un pato) y un tamaño que hoy seguiría asombrando: machos adultos de entre 65 y 80 kilos.
A George Gordon Byron, sexto barón Byron, le habían entregado el título y Newstead Abbey en 1798, cuando tenía diez años. La abadía era una antigua casa de canónigos agustinos del siglo XII que Enrique VIII había regalado a su antepasado John Byron en 1539, tras la disolución de los monasterios. Cuando el joven Byron heredó la propiedad, estaba medio derruida y la familia, sin fondos para mantenerla. Su madre alquiló parte. El barón, en cuanto cumplió la mayoría de edad, se mudó a un ala restaurada con sus libros, sus amigos de Cambridge, sus tres terranovas, un lobo, un zorro, varios monos, pavos reales y la oso que había mantenido en su cuarto universitario para esquivar la norma que prohibía perros en Cambridge.
Boatswain era el favorito. Las cartas y diarios de Byron del periodo 1806-1808 lo mencionan más que a casi cualquier humano del entorno. En el lago artificial de la abadía, Byron solía remar hasta el centro y tirarse al agua intencionadamente. Sus dos terranovas (Boatswain y un segundo no nombrado en las fuentes) lo agarraban por el cuello del abrigo, uno a cada lado, y lo arrastraban hasta la orilla. Era un juego que el poeta repetía con frecuencia y que sorprendió a las visitas durante años.
La rabia, la negligencia y un acto de amor que casi mata al poeta
En el otoño de 1808 la rabia era endémica en Inglaterra. Boatswain, que tenía costumbre de seguir al cartero hasta Mansfield, contrajo la enfermedad allí, probablemente mordido por otro perro infectado. La vacuna antirrábica de Pasteur no existiría hasta 1885. Las técnicas de cuarentena con perros importados no llegarían al Reino Unido hasta el siglo XX. Lo que se hacía a principios del XIX era sacrificar al animal. Punto.
Byron se negó. Lo cuidó él mismo durante semanas. Thomas Moore lo describe así en la biografía: «con la mano desnuda, en más de una ocasión, secaba la baba de la boca del perro durante los paroxismos». Hoy sabemos que la saliva de un animal con rabia furiosa contiene viriones suficientes para infectar a través de una herida microscópica o de una mucosa. La protección con guantes y mascarilla es protocolo básico. Byron no usó ninguna de las dos. Por inmunidad innata, por suerte estadística o por la combinación de las dos, no se contagió.
Boatswain murió el 18 de noviembre de 1808. Byron escribió ese mismo día a su amigo Francis Hodgson, reverendo y traductor: «¡Boatswain ha muerto! Expiró en un estado de locura, después de sufrir mucho, conservando sin embargo toda la dulzura de su naturaleza hasta el final, sin atentar nunca contra nadie cercano». La carta original se conserva en la edición de las obras completas que Coleridge y Prothero publicaron en John Murray entre 1898 y 1904. Byron tenía exactamente veinte años y nueve meses.
La tumba que costó más que media abadía
Lo siguiente que hizo fue lo que cualquier joven endeudado hace cuando se le muere un perro: encargar un mausoleo de mármol. Es importante el contexto. Byron había heredado una propiedad arruinada y, además de no tener dinero para repararla, estaba pidiendo préstamos a varios prestamistas londinenses. Llevaba semanas firmando pagarés. Y aun así pidió presupuesto para un monumento funerario de proporciones notables, lo encargó, lo pagó y lo hizo levantar en las ruinas de la antigua iglesia abacial, en el sitio exacto donde habían estado el altar mayor cuatro siglos antes.
Es la única intervención arquitectónica que Byron hizo en Newstead Abbey en sus once años como propietario. Más grande, hay que insistir, que la tumba que él mismo tendría dieciséis años después. Cuando Byron quiso vender la finca en 1817 (la había intentado subastar en 1812 sin éxito), su comprador, Thomas Wildman (excompañero suyo en Harrow), aceptó el monumento como parte del lote. En el contrato de venta se exigió expresamente la conservación de la tumba del perro. Lleva en pie más de doscientos años. Es probablemente la atracción más fotografiada del recinto.
Epitaph to a Dog: el poema, su autor real y por qué se cita aún
El monumento lleva inscrita una placa con un epitafio en prosa, seguido de un poema de veintiséis versos. Durante casi dos siglos se atribuyó todo el conjunto al propio Byron. La primera frase, una de las más citadas de la literatura inglesa sobre perros, dice así en su versión española: «Aquí yacen los restos de uno que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, la valentía sin la ferocidad y todas las virtudes del hombre sin sus vicios».
La frase la repiten libros de autoayuda, cuentas de Instagram veterinarias y discursos de despedida en tanatorios pet friendly. Lo que poca gente sabe es que esa parte en prosa la escribió John Cam Hobhouse, amigo íntimo de Byron, parlamentario, y compañero suyo de viajes (juntos cruzaron Albania y Grecia en 1809-1811). Lo descubrieron investigadores del fondo Hobhouse del British Museum a principios de los años 2000. Byron firmó el poema, pero la prosa famosa es de Hobhouse.
El poema de veintiséis versos, en cambio, es enteramente de Byron y mucho más amargo. La parte central declara: «el pobre perro, el más firme amigo en vida, / el primero en recibirte, el más decidido en defenderte, / cuyo honesto corazón aún pertenece a su amo, / que trabaja, lucha, vive y respira solo para él, / cae sin honor, sin que nadie note su valía». Y luego se gira contra los humanos con un sarcasmo brutal, llamándonos «degraded mass of animated dust» («masa degradada de polvo animado»). El poema apareció publicado por primera vez en 1809 en Imitations and Translations, una antología que recopiló Hobhouse con poemas de varios autores.
¿Por qué un terranova y no otra raza?
Es una pregunta justa. Byron tuvo galgos, lebreles, un wolfhound irlandés, un bulldog y al menos tres terranovas a lo largo de su vida. La preferencia por la raza canadiense tiene varias capas. En el plano práctico, los terranovas eran perros de aguas: la abadía tenía un lago grande y Byron, nadador apasionado a pesar de su cojera, encontró en ellos un compañero de aventuras acuáticas. En el plano social, era una raza recién importada y exótica, lo que encajaba con la teatralidad personal del poeta. Y en el plano simbólico, los terranovas tenían en la Inglaterra de la Regencia una reputación específica: se les atribuían cualidades nobles, comparables a las de un caballero. Era exactamente la metáfora que Byron quería sobre sí mismo.
El cuadro que se conserva en Newstead Abbey, atribuido tradicionalmente a Boatswain, ha generado debate. La imagen muestra un perro con marcas blancas y negras que recuerda más a un border collie que a los terranovas modernos. Es probable que la apariencia de la raza haya variado considerablemente en estos doscientos años: lo que hoy llamamos landseer (terranova bicolor) era una de las dos variantes habituales del XIX, antes de que la estandarización británica privilegiara los ejemplares enteramente negros.
Lyon, el otro terranova: la vuelta desde Grecia (1824)
Boatswain no fue el último terranova de Byron. Tras venderse Newstead en 1817, el poeta vivió en Italia y luego se trasladó a Mesolongi, en Grecia, a sumarse a la guerra de independencia helena contra los otomanos. Allí murió de fiebres el 19 de abril de 1824. Tenía treinta y seis años. Su corazón fue enterrado en Grecia, bajo un árbol cercano. El resto del cuerpo, embalsamado, fue trasladado por barco a Inglaterra. En la cubierta del navío, junto al ataúd, iba un terranova negro llamado Lyon, que Byron había adquirido en sus años italianos y que lo había acompañado a Grecia.
Byron había dejado por escrito que quería ser enterrado junto a Boatswain en Newstead Abbey. Su petición fue denegada por el nuevo propietario, Thomas Wildman, alegando que la abadía ya no pertenecía a la familia. Westminster Abbey y la catedral de San Pablo, los dos lugares lógicos para un poeta nacional, también rechazaron acoger el cuerpo: la reputación moral de Byron (sus presuntos amoríos con su media hermana Augusta, sus deudas, su exilio voluntario) lo hacía indigno, según el clero anglicano. Lo enterraron en una iglesia parroquial pequeña, Saint Mary Magdalene de Hucknall, a unos pocos kilómetros de Newstead. Allí sigue.
Lyon, el otro terranova, se quedó en la familia. Hay un retrato suyo en Newstead Abbey, también atribuido al pintor Clifton Tomson. La leyenda local cuenta que pasó sus últimos años en la propiedad bajo el cuidado de Wildman. No hay registro de su fecha exacta de muerte.
Ficha de Boatswain
| Campo | Dato |
|---|---|
| Nombre | Boatswain (en español, «contramaestre») |
| Raza | Terranova (Newfoundland) |
| Nacimiento | Mayo de 1803, probablemente en Terranova |
| Muerte | 18 de noviembre de 1808, Newstead Abbey, Nottinghamshire |
| Causa | Rabia furiosa |
| Edad al morir | Aproximadamente 5 años y 6 meses |
| Dueño | George Gordon Byron, sexto barón Byron (1788-1824) |
| Tumba | Mausoleo de mármol en las ruinas de la iglesia de Newstead Abbey |
| Estado | Conservada, visitable, declarada Grade I listed building |
| Epitafio en prosa | Atribuido tradicionalmente a Byron, hoy se atribuye a John Cam Hobhouse |
| Poema | Inscription on the Monument of a Newfoundland Dog o Epitaph to a Dog, Byron (1808) |
| Primera publicación | Imitations and Translations (1809), antología de Hobhouse |
Visitar la tumba de Boatswain hoy
Newstead Abbey (Linby, Nottinghamshire NG15 8NA) es propiedad del ayuntamiento de Nottingham desde 1931 y abre al público durante la mayor parte del año, con entrada por los jardines. La tumba de Boatswain se encuentra en el patio que antaño fue el coro de la iglesia abacial, a la izquierda según se entra desde el lado oeste. Está señalizada. El conjunto incluye también el retrato del perro en la sala de Byron y una placa explicativa con la versión completa del poema. Para un dueño de terranova actual, peregrinar hasta allí tiene un punto: la raza no podría tener mejor padrino histórico que un poeta que pagó una tumba imposible para su perro mientras quebraba en silencio.
Conclusión: lo que la historia de Boatswain le enseñó a la cultura occidental
La historia de Byron y Boatswain marcó un antes y un después en cómo se hablaba públicamente del duelo por un animal. Antes de 1808, llorar a un perro era considerado un sentimentalismo impropio de un hombre de letras. Después del epitafio de Newstead, empezó a verse como una declaración de carácter. El propio Federico el Grande había mostrado el mismo sentimiento décadas antes en privado, pero fue Byron quien lo puso en mármol y en imprenta. Si hoy el dueño de un terranova llora a su perro y lo entierra con una placa en el jardín, parte del derecho cultural a hacerlo, sin disculparse, viene de aquel joven cojo de veinte años que en noviembre de 1808 limpiaba la baba de un perro rabioso con la mano descubierta.
Preguntas frecuentes
¿Murió Lord Byron por culpa de su perro rabioso?
No. Byron sobrevivió al contacto directo con la saliva de Boatswain durante el periodo infeccioso, lo que es médicamente extraordinario. Murió dieciséis años después, el 19 de abril de 1824, en Mesolongi (Grecia), de fiebres asociadas probablemente a malaria o sepsis tras varias sangrías terapéuticas.
¿Quién escribió en realidad el epitafio de Boatswain?
La inscripción se divide en dos partes. La prosa famosa («Beauty without Vanity, Strength without Insolence…») se atribuye hoy a John Cam Hobhouse, amigo y compañero de viajes del poeta. El poema en verso de veintiséis líneas es íntegramente de Lord Byron, fechado en noviembre de 1808 y publicado en 1809.
¿Cuánto medía la tumba comparada con la de Byron?
El mausoleo de Boatswain en Newstead Abbey es notablemente más grande que la lápida de Byron en la iglesia parroquial de Saint Mary Magdalene en Hucknall. El propio Byron pidió en su testamento ser enterrado junto a su perro, petición que el nuevo propietario de la abadía rechazó en 1824.
¿Cómo era un terranova en 1808 en comparación con uno actual?
Más esbelto, menos pesado y con frecuencia bicolor (negro y blanco, lo que hoy llamamos landseer). La estandarización del terranova como ejemplar masivo, predominantemente negro y de cabeza ancha llegó con la consolidación del estándar británico a finales del siglo XIX.
¿Qué fue de los otros perros de Byron?
Hubo un segundo terranova en Newstead Abbey (sin nombre documentado) que también participaba en los juegos en el lago. Tras la venta de la abadía en 1817, Byron tuvo varios perros más en sus residencias italianas. El último, Lyon, acompañó su ataúd desde Grecia hasta Inglaterra en 1824 y se quedó en la familia tras el funeral.
Fuentes consultadas
- Moore, T. (1830), Letters and Journals of Lord Byron: with Notices of His Life, John Murray
- Byron, G. G., carta a Francis Hodgson del 18 de noviembre de 1808, recogida en la edición de Coleridge y Prothero, The Works of Lord Byron, 1898-1904
- Byron, G. G., 'Inscription on the Monument of a Newfoundland Dog' (1808), publicado en Imitations and Translations, 1809
- Northern Newfoundland Club, dossier conmemorativo del bicentenario de Boatswain (noviembre de 2008)
- Newstead Abbey, registros patrimoniales del Nottingham City Museums & Galleries
- Lambton, L. (2024), 'Boatswain's tomb at Newstead Abbey', The Oldie, septiembre
- Wikipedia (verificada con la edición Coleridge-Prothero): 'Epitaph to a Dog'