Historias · Personajes históricos
Picasso y Lump: el teckel que se mudó a La Californie y acabó protagonizando 'Las Meninas
En abril de 1957, un teckel entró en casa de Picasso. Seis años después había sustituido al mastín de Las Meninas en cuarenta y cinco cuadros.

Una mañana de abril de 1957, un fotógrafo estadounidense de cuarenta años condujo desde Roma hasta la Costa Azul en un Mercedes 300 SL Gullwing, ese del coche deportivo con las puertas que se abren hacia arriba como alas de gaviota. En el asiento del copiloto iba un teckel, Lump, de algo más de un año, importado meses antes desde Stuttgart. El destino era Cannes, concretamente la villa La Californie, propiedad de un señor de setenta y cinco años, calvo, bajito y un poco gruñón al que la prensa internacional llamaba Maestro y al que el conductor también llamaba así desde hacía años. El conductor era David Douglas Duncan, fotoperiodista de guerra recién salido de Corea, autor de algunos de los retratos más reproducidos del propio Pablo Picasso. La idea era almorzar. Lump tenía otros planes.
¿Quiénes eran exactamente los protagonistas de esta historia?
David Douglas Duncan (1916-2018) llevaba publicadas tres portadas en Life sobre Picasso y mantenía con él una relación de amistad poco común en una persona tan reservada como el malagueño. Picasso (a esas alturas vivía con Jacqueline Roque, su compañera y futura segunda esposa, en una villa modernista de finales del XIX recién comprada con la fortuna acumulada en la posguerra) aceptaba pocas visitas y casi ningún periodista. Duncan era una excepción permanente.
Lump (nombre alemán que significa, literalmente, «pillo» o «pequeño bribón»; en francés y español también se le ha llamado bribón) era el segundo perro de Duncan. El primero era un galgo afgano enorme, propiedad oficial del fotógrafo en Roma, que se había dedicado a hacerle la vida imposible al teckel por celos. Esa convivencia tensa, sumada a los viajes constantes de Duncan por todo el mundo, hacían sospechar que Lump iba a vivir poco si seguía con su dueño. Picasso no lo sabía. Tampoco Duncan, exactamente. Pero el perro lo sabía.
¿Qué pasó el 19 de abril de 1957 en La Californie?
La escena la fotografió el propio Duncan y la cuenta él mismo, sin adornos, en su libro Lump: The Dog Who Ate a Picasso (Thames & Hudson, 2006). Picasso y Jacqueline estaban almorzando en el comedor de la villa. Lump entró, miró al hombre que presidía la mesa, se acercó sin ceremonia ninguna, le puso las patas delanteras sobre los muslos y le dio un beso. Picasso, según Duncan, soltó la cuchara y dijo en español: «Buenos días, amigo». El perro saltó sobre su regazo. Jacqueline, que conocía las costumbres del Maestro (los perros propios podían entrar en el estudio, pero ninguno se sentaba en la mesa), se quedó perpleja. Lump, por la información acumulada de testigos, no abandonó el regazo en lo que duró el resto del almuerzo.
Esa misma tarde, según los registros del Harry Ransom Center de la Universidad de Texas, Picasso cogió un plato de vajilla común y corriente que había encima de la mesa y le pintó encima, en esmalte negro, un retrato del perro. Veinticuatro centímetros de diámetro, firmado y fechado el 19 de abril de 1957. El plato existe. Duncan se lo llevó. En 2011 lo donó al Ransom Center y lleva expuesto desde entonces. Es probablemente la única pieza de vajilla del mundo que vale, literalmente, más que el coche que la trajo a la casa.
El detalle entrañable: el plato que Lump no usó nunca
La razón por la que Picasso pintó el plato es lo mejor de la historia. Cuando aquel mediodía Duncan le explicó al pintor que Lump no tenía un cuenco propio en Roma y comía de los platos de cocina sobrados, Picasso lo encontró inaceptable. Se levantó, fue a la cocina, trajo el plato vacío y se puso a dibujar encima con la salsa que tenía a mano. El resultado lo pasó después a pintura cerámica. Es decir, el plato de Lump nació como protesta culinaria del pintor por la falta de protocolo del perro. Lump, con coherencia perruna, jamás comió de él. Según Duncan, prefería robar la comida directamente del plato de Picasso, treparse encima de la mesa y vigilar al servicio desde una distancia útil.
¿Cómo entró Lump en Las Meninas?
Cuatro meses después de aquella primera visita, el 17 de agosto de 1957, Picasso encerró en el segundo piso de La Californie todo lo necesario para no salir del estudio en semanas. Iba a hacer algo que llevaba pensando años: reinterpretar Las Meninas de Velázquez. Lo terminó cinco meses después, en diciembre del mismo año. Cuarenta y cinco cuadros sobre el lienzo original que Diego Velázquez había pintado en 1656 en el Alcázar de Madrid. Cincuenta y ocho en total si se cuentan las variaciones laterales (estudios de cada figura individual, las palomas que veía desde la ventana, los reflejos del espejo). Picasso donó la serie completa al Museu Picasso de Barcelona en 1968, donde permanece en una sala dedicada exclusivamente a ella.
Hay un detalle que cambia todo. En la versión original de Velázquez, en primer plano, hay un mastín español de tamaño descomunal, tumbado a los pies de la infanta Margarita. En las cuarenta y cinco versiones de Picasso, ese mastín ha sido sustituido por un teckel. Larguilucho, pintado con tres trazos, reconocible como Lump por cualquiera que haya visto las fotografías de Duncan. Tres siglos y medio separan al perro de Velázquez del perro de Picasso. Ambos viven hoy en colecciones públicas: el mastín en el Prado, el teckel en el Museu Picasso de Barcelona. Dos plazas, dos ciudades, mismo museo del país. Hay quien va de la una a la otra como peregrinación.
¿Por qué Picasso cambió al mastín por un teckel? La respuesta más probable, según el biógrafo John Richardson (volumen IV de A Life of Picasso, 2007), es la más simple: Lump estaba ahí. Cada vez que Picasso bajaba al estudio, el perro estaba tumbado al lado del lienzo, dormitando. Picasso lo metió porque era, en ese momento, su perro. Hay biógrafos que han querido leerlo como una broma a costa de la rigidez del barroco español. Es posible. También es posible que fuera lo que se ve: un señor de setenta y cinco años, español de Málaga, en una villa francesa, pintando a su perro encima del cuadro más importante de su tradición artística porque le daba la gana.
¿Qué otros animales había en La Californie?
Más de los que cabe imaginar. Para hacerse una idea de la atmósfera. Cuando Lump llegó en abril de 1957, ya vivían en la villa los siguientes habitantes no humanos: una cabra blanca llamada Esmeralda (regalo del marchante de Picasso, que vivía en el jardín y entraba a casa por la cocina), un bóxer leonado llamado Yan, dos galgos afganos llamados Kazbek y Kabul (estos últimos heredados de etapas anteriores en su vida) y una colección variable de palomas que Picasso atraía al alféizar de su estudio y a las que dedicó decenas de dibujos. Lump tuvo, por tanto, varios compañeros de domicilio. Las fotografías de Duncan muestran tensiones interesantes con el bóxer Yan (más grande, más territorial, con cara de circunstancias) y una relación de absoluta indiferencia mutua con la cabra. Esmeralda, según el propio Duncan, prefería las jaulas de loros del salón a cualquier perro.
¿Por qué un teckel y no otra raza? El gusto canino de Picasso
Picasso tuvo perros toda su vida. Hay un retrato suyo de adolescente en Málaga con un perro pequeño tipo callejero. En Barcelona, en los años de Els Quatre Gats (1899-1900), aparece con un terrier en varias fotografías. En París, durante el periodo azul y el periodo rosa, su compañero fue un perro callejero llamado Frika. Más adelante, los afganos Kazbek y Kabul. El bóxer Yan. Y, ya en Mougins, en los últimos años, un dálmata llamado Perro.
La preferencia se entiende mejor leyendo a Penrose, su biógrafo más cercano. Picasso buscaba perros con personalidad visual. Que se vieran. Que ocuparan el cuadro. Por eso los galgos afganos, de pelaje extravagante, y por eso el teckel, con esa silueta alargada imposible que parece dibujada por un caricaturista. Lump, en sus dibujos, ocupa más metros de papel que muchas figuras humanas. El propio Picasso bromeaba con que Lump era el modelo más paciente de su estudio porque no se quejaba del tiempo de pose. Era falso, naturalmente: Lump se quedaba quieto solo cuando dormía, que era buena parte del día.
El final: la enfermedad, la vuelta a Duncan y la muerte simultánea
Lump pasó seis años continuos en La Californie. Volvió ocasionalmente a Roma con Duncan, pero siempre regresaba. En 1963 cayó enfermo: problemas degenerativos típicos de la columna larga del teckel, una de las patologías más frecuentes en la raza (lo que en cinofilia se llama IVDD, enfermedad del disco intervertebral). Duncan se lo llevó a Roma para tratarlo. Lump se recuperó en parte pero ya no volvió a La Californie. Picasso lo mencionaba en cartas y conversaciones durante los años siguientes, según Richardson, con una mezcla de añoranza y resignación poco habituales en él.
Lump murió en marzo de 1973, en casa de Duncan, ya cerca de Cannes. Pablo Picasso murió diez días después, el 8 de abril de 1973, en su casa de Mougins. Tenía noventa y un años. Los dos se fueron prácticamente a la vez. La leyenda popular ha querido ver una sincronía emocional, casi mística. Duncan, más sobrio, anotó simplemente que ambos habían cumplido su tiempo.
Visitar los cuadros de Lump hoy
La serie completa de Las Meninas de Picasso (58 cuadros, con Lump apareciendo en 45 de ellos) está expuesta de forma permanente en el Museu Picasso de Barcelona, Carrer de Montcada 15-23. El museo ocupa cinco palacios medievales del Born y la entrada cuesta 14 euros (15 €, según tarifa de 2026). La sala de Las Meninas es la última del recorrido cronológico y suele estar relativamente vacía si visitas a primera hora.
El plato pintado para Lump no está en España. Vive en el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos), donde Duncan lo donó en 2011. Forma parte de la exposición permanente del archivo Duncan, junto a las cámaras Leica y Nikon F del fotógrafo. Si pasas por Texas, vale la pena: es probablemente el único objeto utilitario español del siglo XX al que se le hayan dedicado tres tesis doctorales.
Las fotografías de Duncan del 19 de abril de 1957, recopiladas en Lump: The Dog Who Ate a Picasso (2006), siguen reeditándose. Hay una copia en castellano que se reedita esporádicamente; en inglés está disponible permanentemente. Es el mejor libro escrito sobre la relación entre un pintor moderno y un perro pequeño, sin discusión.
Ficha de Lump
| Campo | Dato |
|---|---|
| Nombre | Lump (en alemán, «pillo») |
| Raza | Teckel estándar de pelo corto (Dachshund) |
| Lugar y año de nacimiento aproximado | Stuttgart, Alemania, hacia 1956 |
| Importado a Roma | A finales de 1956 por David Douglas Duncan |
| Llegada a La Californie | 19 de abril de 1957 |
| Tiempo de residencia con Picasso | Aproximadamente 6 años (1957-1963) |
| Cuadros donde aparece pintado | Al menos 45 de la serie Las Meninas (1957), más bocetos sueltos y el plato cerámico del Ransom Center |
| Muerte | Marzo de 1973, Castellaras (Francia), casa de Duncan |
| Días entre la muerte de Lump y la de Picasso | Aproximadamente 10 |
¿Es entonces el teckel una raza para mí? Una nota práctica antes del cierre
Si después de esta historia te ha entrado el gusanillo de adoptar un teckel, conviene saber tres cosas. La raza tiene una predisposición genética muy alta a la enfermedad del disco intervertebral (la misma que afectó a Lump en sus últimos años). Las tasas de incidencia rondan el 19-24 % de los ejemplares según estudios británicos recientes. Los teckels, además, son perros de carácter fuerte, con tendencia a ladrar a desconocidos y a establecer una jerarquía clara con sus propietarios. Y, contra el tópico, no son perros de bolso: están criados para cazar tejones (la palabra alemana Dachshund significa, literalmente, «perro tejonero»), y mantienen instinto de presa. Se mueven, persiguen, excavan y atacan a roedores con eficacia desagradable. Picasso lo notó. En las fotografías de Duncan se ven varias palomas del estudio que Lump perseguía con la intención clara de comérselas. No lo consiguió. Por poco.
Conclusión: qué dice esta historia de Picasso
Si has llegado hasta aquí, has leído básicamente la única gran historia íntima de Picasso que no acaba en escándalo amoroso, ruptura familiar o conflicto con un marchante. Picasso, según los biógrafos que lo trataron, era difícil con casi todo el mundo y con casi todo. Con Lump, no. Con un teckel que se subió a su regazo en abril de 1957 y le robó el almuerzo durante seis años seguidos, fue, según las fotografías, un señor mayor que sonríe. Si los biógrafos quieren entender al hombre detrás del icono, allí están las cuarenta y cinco Meninas del Museu Picasso. Cada una con su teckel mirando al espectador como diciendo, todavía, estoy aquí.
Preguntas frecuentes
¿En cuántos cuadros aparece Lump pintado por Picasso?
Lump aparece en al menos cuarenta y cinco de las cincuenta y ocho obras de la serie Las Meninas (1957), conservadas en el Museu Picasso de Barcelona. Además, está retratado en un plato cerámico de 24 cm de diámetro firmado el 19 de abril de 1957 y donado por David Douglas Duncan al Harry Ransom Center de la Universidad de Texas en 2011. Hay además decenas de bocetos sueltos en cuadernos del periodo.
¿Era Lump propiedad de Picasso o de Duncan?
Legalmente, de Duncan, que lo había importado desde Stuttgart en 1956. Emocionalmente, de Picasso, según el propio Duncan. El perro vivió casi exclusivamente en La Californie entre 1957 y 1963.
¿Qué pasó con La Californie después de Picasso?
La villa pertenece a herederos privados de la familia Ruiz-Picasso y no es visitable. Está en Cannes, en la avenue de Vallauris, y se identifica por su silueta modernista entre palmeras.
¿Existe alguna escultura o monumento a Lump?
No hay ningún monumento público específico, pero el Museu Picasso de Barcelona vende reproducciones del retrato del plato cerámico en su tienda. Funciona, indirectamente, como recuerdo.
¿Picasso pintó otros perros suyos?
Sí. Aparecen referencias visuales a Frika (perro callejero parisino del periodo rosa), a los galgos afganos Kazbek y Kabul en óleos de los años cuarenta y cincuenta, y al bóxer Yan en algunas fotografías de Duncan, aunque pictóricamente Yan tiene mucha menos presencia que Lump.
¿Qué relación tiene esta historia con el Museo Picasso de Málaga?
El Museo Picasso de Málaga (la ciudad natal del pintor) tiene en su tienda una versión española del libro de Duncan sobre Lump. No hay obra original con el teckel en la colección permanente de Málaga; toda la serie Las Meninas está en Barcelona. La tienda online del museo malagueño envía el libro a toda España.
Fuentes consultadas
- Duncan, D. D. (2006), Lump: The Dog Who Ate a Picasso, Thames & Hudson
- Duncan, D. D. (1958), The Private World of Pablo Picasso, Harper & Brothers
- Harry Ransom Center, Universidad de Texas en Austin, donación del plato pintado por Picasso para Lump (19 de abril de 1957), núm. de inventario en archivo Duncan
- Museu Picasso de Barcelona, fichas catalográficas de la serie Las Meninas (agosto-diciembre de 1957), 58 obras donadas por el artista en 1968
- Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte (FABA), archivo fotográfico de La Californie
- Penrose, R. (1981), Picasso: His Life and Work, University of California Press, 3ª edición
- Richardson, J. (2007), A Life of Picasso, Volumen IV: The Minotaur Years 1933-1973, Jonathan Cape