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Hachiko, el akita que esperó casi diez años en la estación de Shibuya

Hachiko, el akita que acudió cada día a la estación de Shibuya durante casi una década esperando a un dueño ya fallecido. Historia real, la estatua y por qué la raza akita es tan fiel.

· Actualizado 4 de junio de 2026

Hay perros de famosos que salen en una foto y se olvidan. Hachiko hizo lo contrario: se convirtió él mismo en lo famoso, y lo logró haciendo una sola cosa durante casi una década. Cada tarde, un akita de pelaje claro acudía a la estación de tren de Shibuya, en Tokio, a esperar a un hombre que ya nunca iba a bajar de ningún tren. Esta es la historia real que hay detrás de la estatua que hoy es uno de los puntos de encuentro más concurridos de Japón.

El profesor y su cachorro

En 1924, Hidesaburō Ueno, profesor del departamento de ciencias agrícolas de la Universidad de Tokio, llevó a casa a un cachorro de akita nacido el año anterior en Ōdate, en la prefectura de Akita, al norte de Japón. Lo llamó Hachi; el sufijo cariñoso -kō dio el nombre por el que se le conoce.

La rutina se fijó enseguida. Ueno salía a trabajar y Hachiko lo acompañaba parte del camino, a menudo hasta la estación de Shibuya. Por la tarde, a la hora del regreso, el perro volvía a la estación a recibirlo. Para los empleados y los pasajeros habituales, ver al akita esperando junto a la entrada se convirtió en una estampa cotidiana.

El 21 de mayo de 1925

Aquella rutina duró poco más de un año. El 21 de mayo de 1925, Ueno sufrió una hemorragia cerebral mientras estaba en la universidad y murió de forma repentina. No regresó a Shibuya esa tarde, ni ninguna otra.

Hachiko siguió yendo. Día tras día acudía a la estación a la hora a la que solía llegar el tren de su dueño, se quedaba esperando y luego se marchaba. Lo hizo de forma constante durante el resto de su vida, alrededor de nueve años. El perro pasó por varias manos tras la muerte de Ueno, pero la querencia por la estación se mantuvo intacta.

Cómo un perro de barrio se hizo nacional

Durante años, Hachiko fue solo un perro conocido en el entorno de la estación, no siempre bien tratado por algunos viandantes. El giro llegó cuando un antiguo alumno de Ueno, interesado en la raza akita, localizó al animal y empezó a documentar su historia.

En 1932, un periódico de tirada nacional publicó un reportaje sobre el akita que llevaba años esperando a un dueño muerto. El relato conmovió a todo el país en plena exaltación de valores como la lealtad y la fidelidad. Hachiko pasó de ser un perro callejero molesto para algunos a un símbolo querido, y los comerciantes y viajeros empezaron a cuidarlo y alimentarlo.

La fama llegó a tal punto que, en abril de 1934, se inauguró en la estación de Shibuya una estatua de bronce del propio perro. Hachiko asistió al acto, todavía vivo, ante una multitud. Es uno de los pocos casos en que un homenaje en metal se levanta con el homenajeado presente.

La muerte y lo que vino después

Hachiko murió el 8 de marzo de 1935, cerca de la estación que había hecho suya. Tenía unos once años. La causa precisa de su muerte fue objeto de debate durante décadas; análisis posteriores de sus restos apuntaron a problemas internos, entre ellos signos de enfermedad, sin que ello reste nada a la historia.

La estatua original de bronce no sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial: se fundió para aprovechar el metal con fines militares. En 1948, ya en la posguerra, se erigió una nueva estatua en el mismo lugar, obra del hijo del escultor original. Esa es la que hoy preside la salida de Shibuya conocida precisamente como "salida de Hachiko", convertida en punto de cita habitual de los tokiotas.

Los restos taxidermizados de Hachiko se conservan y exhiben en el Museo Nacional de Naturaleza y Ciencia de Tokio, donde cualquiera puede ver al akita que esperó. Sus huesos descansan, según la tradición que ha rodeado el caso, junto a la tumba de su dueño en el cementerio de Aoyama, de modo que perro y profesor acabaron reunidos.

De la estación al cine

La historia saltó del periódico a la pantalla más de una vez. La película japonesa Hachikō Monogatari (1987) llevó el relato al gran público dentro y fuera de Japón. En 2009, la versión estadounidense Hachi: A Dog's Tale, con Richard Gere, trasladó la historia a un pueblo de Estados Unidos y la dio a conocer a una generación entera de espectadores occidentales.

Conviene un apunte de raza para quien vea la película de Gere: el perro que aparece es un akita, pero la imagen que mucha gente asocia a Hachiko corresponde a la variedad japonesa, de aspecto más estilizado y colores limitados, frente al akita americano, más corpulento y de capa más variada. Son dos razas hermanas que la principal entidad cinológica internacional separó oficialmente a finales de los años noventa.

El akita inu: la raza detrás del símbolo

La fidelidad de Hachiko no fue solo cosa de un perro excepcional. El akita inu tiene fama bien ganada de apego intenso a su familia, y ese rasgo es parte de por qué la historia caló tanto en Japón. Ahora bien, esa misma raza exige mucho de quien la tiene.

  • FCI: grupo 5 (perros tipo spitz y primitivos), sección 5 (spitz asiáticos y razas semejantes), estándar número 255. Es la variedad japonesa, distinta del akita americano.
  • Origen: Japón, donde el akita está reconocido como raza nativa de gran valor cultural y figura entre los perros tradicionales del archipiélago.
  • Tamaño: grande. Según el American Kennel Club, los machos miden en torno a 66-71 cm a la cruz y las hembras 61-66 cm, con un peso que ronda los 30-50 kg según el sexo y el ejemplar.
  • Aspecto: cuerpo macizo, cabeza ancha de aspecto triangular, orejas pequeñas erguidas y cola gruesa enroscada sobre el lomo. En la variedad japonesa los colores admitidos son limitados, con el rojo y el blanco entre los más vistos.
  • Manto: pelaje doble y denso. Suelta pelo de forma moderada durante el año y muda el subpelo de manera intensa una o dos veces al año, lo que obliga a cepillados frecuentes en esas épocas.
  • Esperanza de vida: en torno a 10-13 años según el American Kennel Club, una horquilla habitual en un perro de este porte.

El carácter: por qué la lealtad tiene letra pequeña

El rasgo que hizo célebre a Hachiko es real, pero viene acompañado de exigencias que las películas no cuentan.

  • Vínculo con su familia: el akita tiende a apegarse de forma profunda a su grupo humano, a menudo con preferencia por una persona. Esa devoción es precisamente lo que la historia de Shibuya elevó a símbolo.
  • Reservado con extraños: el AKC lo describe como un perro digno y naturalmente cauteloso ante los desconocidos. Vigila y discrimina; no es el perro festivo que saluda a todo el mundo.
  • Tolerancia con otros perros: aquí está el punto delicado. Muchos akitas muestran poca tolerancia hacia otros perros, en especial del mismo sexo, con independencia de la socialización recibida. Por eso se recomienda con frecuencia como perro único en el hogar.
  • Fuerza e independencia: combina musculatura potente con una marcada testarudez. Aprende, pero decide cuándo obedecer, así que necesita un dueño con experiencia y un adiestramiento en positivo constante desde cachorro.

Salud: lo que conviene vigilar

Como toda raza grande de líneas seleccionadas, el akita tiene predisposiciones documentadas que un futuro dueño debe conocer antes de comprometerse:

  • Displasia de cadera: malformación articular frecuente en razas grandes, recogida en el MSD Veterinary Manual. Conviene exigir pruebas de cadera de los reproductores.
  • Hipotiroidismo: trastorno hormonal relativamente común en la raza, manejable con medicación de por vida una vez diagnosticado.
  • Dilatación-torsión gástrica: urgencia vital propia de las razas grandes de pecho profundo, que requiere atención veterinaria inmediata.

Un criador responsable aporta certificados de salud de los progenitores. Es la diferencia entre un perro sano durante años y una sucesión de gastos veterinarios evitables.

¿Es legal y sensato tener un akita en España?

Conviene aclararlo porque genera dudas. El Real Decreto 287/2002 incluye al akita inu en su lista de razas potencialmente peligrosas. Eso implica que, para tenerlo, suele exigirse licencia administrativa del ayuntamiento, seguro de responsabilidad civil específico, certificados de aptitud y, en la vía pública, bozal homologado y correa corta. Además, desde 2023 hay una capa de obligaciones generales para todos los perros derivada de la ley de bienestar animal.

Lo prudente es consultar con el ayuntamiento del municipio antes de adquirir uno, ya que el detalle de los trámites puede variar según la zona. Verificar la situación legal y valorar con honestidad la experiencia previa de uno mismo evita problemas a un perro que, por carácter y porte, no es para principiantes.

Lo que la historia de Hachiko enseña

Es fácil ver la estatua de Shibuya, o llorar con la película de Richard Gere, y querer un perro tan leal. La lealtad de Hachiko fue extraordinaria, sí, pero detrás había un perro de una raza concreta, exigente, territorial y poco complaciente, criada en un país y una cultura muy distintos de los de cualquier piso europeo del siglo XXI.

El akita inu puede ser un compañero conmovedor para quien entiende lo que implica: un perro grande, reservado, poco sociable con otros perros y nada dado a obedecer por complacer. Adoptar uno porque te emocionó una historia es la peor de las razones. Hacerlo tras informarte, valorar tu experiencia y comprobar la normativa de tu municipio es la única forma sensata de honrar lo que aquel akita representó en una estación de tren de Tokio.

Fuentes consultadas

  • American Kennel Club, ficha de raza Akita, akc.org/dog-breeds/akita
  • Fédération Cynologique Internationale, nomenclatura de razas, grupo 5, estándar 255 Akita, fci.be
  • Encyclopaedia Britannica, entrada Hachiko, britannica.com
  • National Museum of Nature and Science (Kahaku), Tokio, exposición del ejemplar taxidermizado de Hachiko, kahaku.go.jp
  • MSD Veterinary Manual (Merck), secciones sobre displasia de cadera, hipotiroidismo y dilatación-torsión gástrica en el perro