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Laika, la perra del Sputnik 2: la primera en orbitar la Tierra

Laika, una perra callejera de Moscú, fue el primer ser vivo en orbitar la Tierra en 1957. La URSS ocultó durante 45 años cómo murió de verdad.

· Actualizado 4 de junio de 2026

El 3 de noviembre de 1957, una perra callejera de unos tres años y cinco kilos despegó desde el cosmódromo de Baikonur metida en una cápsula presurizada. Se llamaba Laika y nunca estuvo previsto que volviera. Fue el primer ser vivo que dio vueltas alrededor de la Tierra, y durante 45 años el relato oficial sobre su muerte fue una mentira. Esta es la historia, sobria y sin adornos, de la perra más famosa de la carrera espacial.

Una perra recogida de la calle de Moscú

Laika era una mestiza recogida en las calles de Moscú. Las fuentes la describen como un cruce de tamaño pequeño-medio, probablemente con sangre de spitz tipo husky o samoyedo y algo de terrier, aunque su ascendencia exacta nunca se conoció. Pesaba alrededor de 5 kilos según la Britannica y tenía un carácter tranquilo.

La elección de perros callejeros no fue casual. El programa soviético partía de la idea de que un animal acostumbrado a sobrevivir a la intemperie de Moscú, al frío y al hambre, aguantaría mejor las privaciones de un vuelo espacial que un perro de criadero. Antes de recibir el nombre con el que pasó a la historia, los técnicos la llamaron Kudryavka ("Rizadita"), Zhuchka ("Bichito") y Limonchik ("Limoncito"). "Laika" no es un nombre propio: en ruso designa a un tipo de perro nórdico que ladra, y deriva del verbo ladrar.

Por qué fue un viaje sin retorno

Para entender la decisión hay que situarse en octubre de 1957. La URSS acababa de poner en órbita el Sputnik 1 el 4 de octubre, el primer satélite artificial de la historia, y el éxito propagandístico fue enorme. El liderazgo soviético quiso un segundo golpe de efecto que coincidiera con el 40 aniversario de la Revolución de Octubre, a principios de noviembre.

Ese calendario apretado lo condicionó todo. El Sputnik 2 pesaba alrededor de 500 kilos, seis veces más que su predecesor, y se diseñó y construyó en cuestión de semanas. La tecnología para frenar una nave y devolverla a la atmósfera sin que se desintegrara todavía no existía. Como resume Space.com, la nave "no estaba diseñada para regresar sana y salva a la Tierra". Los propios responsables del programa sabían que enviaban a Laika a una misión sin vuelta posible.

No era el primer perro soviético en volar, pero sí el primero en orbitar. Desde 1951, la URSS había lanzado perros en cohetes suborbitales, trayectorias que suben y bajan sin dar la vuelta al planeta. Dezik y Tsygan, los dos primeros, alcanzaron unos 110 kilómetros de altura el 22 de julio de 1951 y fueron recuperados con vida. La diferencia de Laika es que entró en órbita, y de ahí no había sistema previsto para bajarla.

El entrenamiento

Para la misión se prepararon tres perras: Albina, Mushka y la propia Laika. Los responsables científicos del programa fueron Vladímir Yazdovski y Oleg Gazenko. El acondicionamiento buscaba que los animales toleraran las condiciones extremas de la cápsula:

  • Confinamiento progresivo: las metían en jaulas cada vez más pequeñas durante días, hasta acostumbrarlas al espacio mínimo del compartimento.
  • Centrifugadora: para habituarlas a las fuerzas g de la aceleración del lanzamiento.
  • Comida gelificada: aprendieron a comer un alimento en gel apto para la ingravidez, el único viable en órbita.

Diez días antes del lanzamiento, Yazdovski eligió a Laika como perra titular. Una anécdota documentada lo resume bien: poco antes del vuelo, Yazdovski se llevó a Laika a su casa para que jugara con sus hijos. Según recordó él mismo, quiso hacer "algo bonito por ella", porque "le quedaba muy poco tiempo de vida".

Qué pasó en órbita

El despegue del 3 de noviembre de 1957 funcionó. Laika se convirtió en el primer ser nacido en la Tierra que orbitaba el planeta. La telemetría inicial mostró que el ritmo cardíaco se le disparó durante el ascenso, hasta más que duplicarse respecto al de reposo, y que tardó bastante en recuperarse una vez en órbita, una señal del estrés que sufrió.

El problema fue térmico. La etapa central del cohete R-7 no se separó de la cápsula como estaba previsto, y eso, sumado a la pérdida de parte del aislamiento, hizo que la temperatura dentro del habitáculo subiera sin control. El sistema de regulación térmica, montado a toda prisa, no pudo compensarlo.

La verdad oculta durante 45 años

Aquí está el episodio que convierte la historia de Laika en algo más que una efeméride. La versión oficial soviética fue falsa durante décadas. Los comunicados de la época dieron a entender que la perra vivió seis o siete días en órbita y que después se la sacrificó sin dolor con una ración de comida envenenada, antes de que se agotara el oxígeno.

La realidad fue mucho más breve y más dura. En octubre de 2002, el científico Dimitri Malashenkov, que había participado en la misión, reveló en el Congreso Mundial del Espacio celebrado en Houston que Laika murió entre cinco y siete horas después del despegue, hacia la cuarta vuelta a la Tierra, por sobrecalentamiento y estrés. En el documento que presentó reconocía que "resultó prácticamente imposible crear un sistema fiable de control de temperatura" en un plazo tan corto.

La nave siguió girando vacía durante meses. El Sputnik 2 completó más de 2.000 órbitas y se desintegró al reentrar en la atmósfera el 14 de abril de 1958, cinco meses después del lanzamiento.

El remordimiento y el debate ético

El sacrificio de Laika abrió un debate que sigue vivo. En su momento hubo protestas de sociedades protectoras de animales, sobre todo en Reino Unido, contra el uso de un animal en una misión planificada como mortal desde el principio.

Décadas más tarde, uno de los propios responsables expresó arrepentimiento. En 1998, Oleg Gazenko declaró: "No aprendimos lo suficiente de esta misión como para justificar la muerte de la perra". Es una frase poco habitual viniendo de un protagonista del programa, y resume el coste humano y animal de aquella prisa por ganar la carrera espacial.

El reconocimiento tardó. El 11 de abril de 2008, más de medio siglo después del vuelo, se inauguró en Moscú un monumento a Laika: una pequeña figura de la perra sobre un cohete, junto a las instalaciones militares donde se preparó la misión.

Lo que vino después: Belka y Strelka

La historia tiene un cierre menos amargo, aunque no para Laika. El trabajo posterior sí logró lo que con ella fue imposible. El 19 de agosto de 1960, las perras Belka y Strelka despegaron a bordo del Sputnik 5, pasaron un día en órbita y regresaron vivas. Fueron los primeros seres nacidos en la Tierra que orbitaron el planeta y volvieron para contarlo.

Ese vuelo demostró que un mamífero podía sobrevivir a la órbita y al regreso, un paso imprescindible antes de mandar a una persona. Menos de un año después, en abril de 1961, Yuri Gagarin se convirtió en el primer humano en el espacio. En ese camino, Laika fue la primera prueba, la que no tenía billete de vuelta.

Por qué se recuerda a Laika

No fue una perra de raza, ni de un famoso, ni de una película. Fue una mestiza anónima recogida de la calle que, por un cálculo político y un plazo imposible, se convirtió en el primer ser vivo en orbitar la Tierra y en el primero en morir allí arriba. Su nombre quedó en monedas, sellos, canciones y un monumento, mientras el relato verdadero de su muerte permaneció enterrado casi medio siglo. Más allá del símbolo, la lección que deja es incómoda y vigente: el avance científico tiene un coste, y conviene no maquillarlo.

Fuentes consultadas

  • Wikipedia, "Laika",
  • Encyclopaedia Britannica, "Laika (Soviet space dog)",
  • Space.com, "Laika the space dog: First living creature in orbit",
  • Wikipedia, "Sputnik 2",
  • Wikipedia, "Soviet space dogs",