Historias · realeza
La reina Isabel II y sus corgis: 70 años de una dinastía canina
Isabel II recibió a Susan, su primera corgi, por su 18 cumpleaños en 1944. De aquella perra descienden los más de 30 corgis y dorgis que tuvo en su vida.
De todos los perros de famosos, pocos tienen un árbol genealógico tan documentado como los de Isabel II. La reina del Reino Unido convivió con corgis durante casi toda su vida, y la mayoría de ellos descendían de una sola perra que recibió siendo adolescente. No fue un capricho pasajero: el Pembroke Welsh Corgi se convirtió en una seña de identidad de la monarca, hasta el punto de aparecer en sellos, monedas y en el sketch con James Bond de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Esta es la historia de esa dinastía canina y de la raza galesa que la sostuvo.
Dookie, el primer corgi que entró en palacio
La afición empezó antes de la propia Isabel. En 1933, su padre, el entonces duque de York y futuro Jorge VI, compró un Pembroke Welsh Corgi llamado Dookie. El perro gustó enseguida a sus dos hijas, las princesas Isabel y Margarita, y abrió la puerta a una relación con la raza que duraría casi un siglo.
Dookie fue el primero, pero no dejó descendencia ligada a la futura reina. Para eso hubo que esperar a un regalo muy concreto.
Susan: el regalo de cumpleaños que fundó una dinastía
Por su 18 cumpleaños, en 1944, Isabel recibió de su padre un cachorro de Pembroke Welsh Corgi de unas ocho semanas. Su nombre de registro era Hickathrift Pippa, aunque en casa la llamaron Sue, y de ahí pasó a Susan.
Susan se volvió inseparable de su dueña. El detalle más conocido: en 1947, tras la boda de Isabel con el duque de Edimburgo en la abadía de Westminster, la perra viajó escondida bajo unas mantas en el carruaje abierto que llevó a la pareja hacia el inicio de su luna de miel.
Cuando Susan murió, el 26 de enero de 1959, fue enterrada en el cementerio de mascotas que la reina Victoria había fundado en Sandringham. Isabel diseñó personalmente la lápida y revisó el texto del epitafio. La importancia de Susan, sin embargo, va mucho más allá de lo sentimental: fue el origen genético de prácticamente toda la línea real de corgis que vendría después.
Más de 30 corgis, todos de la misma sangre
A lo largo de su vida, Isabel II tuvo más de treinta corgis, según el American Kennel Club, y la inmensa mayoría descendían de Susan. La reina mantuvo un programa de cría propio durante décadas y llegó a elegir personalmente los sementales de las camadas.
El alcance de esa línea es notable. En 2015, dos de sus últimas perras, Holly y Willow, eran ya aproximadamente la decimocuarta generación descendiente de Susan. Pocos criadores particulares pueden documentar una sucesión tan larga y continua de una sola fundadora.
Hubo épocas en que la reina convivía con varios perros a la vez, lo que daba pie a una imagen muy repetida en reportajes y fotografías oficiales: la monarca rodeada de un pequeño grupo de corgis bajos y alerta, siguiéndola por los pasillos de palacio.
Los dorgis: el cruce accidental que se quedó
Dentro de la jauría real apareció un híbrido peculiar. En un momento dado, una de las corgis de Isabel se cruzó con Pipkin, un teckel (dachshund) que pertenecía a su hermana, la princesa Margarita. El resultado fue el primer dorgi, mezcla de corgi y teckel.
El cruce no estaba planeado, pero a las dos hermanas les hizo gracia el resultado y lo repitieron. Conviene aclararlo sin ambigüedad: el dorgi es un cruce particular, no una raza reconocida por la FCI ni por ningún club canino de referencia. Hereda rasgos de las dos partes en un cuerpo pequeño y alargado. La reina los integró con normalidad entre sus corgis durante años.
Los últimos perros de la reina
Tras una etapa en la que Isabel había decidido no criar más corgis para no dejar perros jóvenes sin ella, recibió nuevos cachorros en sus últimos años. A su muerte, en septiembre de 2022, sobrevivían dos Pembroke Welsh Corgi, Muick y Sandy, además de algún otro perro de la casa.
El cuidado de los corgis supervivientes pasó a su hijo, el duque de York, y a Sarah Ferguson, que se ocuparon de los animales tras el fallecimiento de la monarca. Así, la línea que empezó con un regalo de cumpleaños en 1944 siguió viva después de la propia reina.
El Pembroke Welsh Corgi: ficha de la raza
Detrás del símbolo hay un perro de trabajo con una historia muy concreta. El corgi de Isabel II es el Pembroke Welsh Corgi, una de dos variedades de corgi galés (la otra es el Cardigan, de cola larga y origen separado).
- FCI: el Welsh Corgi Pembroke tiene el estándar N.º 39 y se clasifica en el grupo 1 (perros de pastor y boyeros), en la sección de boyeros. Patrocinio del estándar: Gran Bretaña. En la nomenclatura del American Kennel Club figura dentro del grupo de pastoreo (Herding Group).
- Origen: Gales. Pese a su tamaño, es un perro boyero, criado para conducir ganado vacuno mordisqueando los corvejones de las reses y agachándose para esquivar las coces. De ahí su construcción baja.
- Aspecto: cuerpo largo y bajo, patas cortas, orejas erguidas y expresión de zorro. La cola es muy corta o casi inexistente, un rasgo característico de la variedad Pembroke.
- Tamaño: pequeño. Según el estándar del AKC, la altura a la cruz ronda las 10-12 pulgadas (unos 25-30 cm) y el peso ideal no supera las 30 libras (en torno a 12-14 kg). Es un perro compacto y musculado para su talla.
- Carácter: el AKC lo describe como un pastor pequeño fuerte, atlético y vivaz, cariñoso y buen compañero. El estándar de la FCI pide un perro extrovertido y amistoso, nunca nervioso ni agresivo. Sigue siendo un perro de pastoreo, con energía e instinto de conducir, no un perro de regazo.
- Inteligencia y adiestramiento: aprende con facilidad y responde bien al trabajo, herencia de su pasado como perro de granja. Necesita estímulo mental y ejercicio diario.
- Esperanza de vida: en torno a 12-13 años, según el AKC.
- Salud: como toda raza condrodistrófica (de patas cortas y cuerpo largo), conviene vigilar la espalda y el peso. El sobrepeso castiga especialmente a un perro de esta morfología. Un veterinario debe orientar la prevención según el ejemplar.
Por qué un corgi y no otra raza
La elección no fue arbitraria. Cuando Jorge VI llevó a Dookie a casa en los años treinta, el Pembroke Welsh Corgi era ya una raza británica de granja con prestigio, robusta y manejable dentro de casa. Su tamaño pequeño encajaba en la vida doméstica, y su carácter despierto lo hacía buen compañero sin perder el aplomo de un perro de trabajo.
Lo que vino después fue mérito de Isabel: convertir esa afición familiar en una línea de cría coherente, mantenida durante setenta años a partir de una sola perra. El efecto Isabel II disparó la popularidad del corgi en el Reino Unido y fuera de él, con las subidas y bajadas de moda habituales en cualquier raza asociada a una figura pública.
La lección, repetida con cada moda de raza, es sencilla: el Pembroke Welsh Corgi es un perro boyero con energía, instinto y una espalda que cuidar, no un accesorio palaciego. Quien quiera uno hace bien en mirar a la perra de granja que fue, no solo a la reina que lo hizo famoso.
Fuentes consultadas
- American Kennel Club, "Queen Elizabeth II's Royal Pembroke Welsh Corgis", akc.org
- American Kennel Club, ficha de raza Pembroke Welsh Corgi, akc.org/dog-breeds/pembroke-welsh-corgi
- FCI, Estándar N.º 39 Welsh Corgi Pembroke, fci.be
- Wikipedia (EN), "Susan (dog)" y "Royal corgis", en.wikipedia.org