Nutrición canina
Alimentación de la perra gestante y en lactancia: guía por fases
Qué come una perra preñada según el trimestre, cuándo pasar a pienso de cachorro, por qué no suplementar calcio a la ligera (riesgo de eclampsia) y el pico de demanda en lactancia.
La perra preñada no necesita comer mucho más durante buena parte de la gestación. El cambio importante llega alrededor de la sexta semana, cuando los fetos empiezan a ganar la mayor parte de su peso. Ajustar la ración demasiado pronto engorda a la madre sin beneficio para la camada y dificulta el parto. La referencia veterinaria es clara: las necesidades energéticas se mantienen casi estables durante los primeros dos tercios y se disparan en el último tercio y, sobre todo, durante la lactancia (Merck Veterinary Manual, Feeding Practices in Small Animals).
La gestación de la perra dura de media 63 días desde la ovulación. Eso deja un calendario nutricional corto en el que conviene saber qué toca en cada momento.
Gestación temprana: sin cambios de ración (semanas 1 a 5)
Durante las primeras cinco semanas el peso fetal es mínimo y el gasto energético de la madre apenas varía respecto a su mantenimiento normal. Aumentar la comida en esta fase produce sobrepeso, que es un factor de riesgo de distocia (parto complicado) y de mayor número de cesáreas.
La recomendación práctica de las guías de nutrición es mantener la dieta de adulto sano y la ración habitual, con el peso corporal vigilado mediante condición corporal en lugar de la báscula sola (WSAVA Global Nutrition Committee). Si la perra ya estaba en un buen peso antes de la cubrición, no hay que tocar nada en esta etapa.
Una salvedad: hacia las semanas 3 y 4 algunas perras presentan inapetencia transitoria, equivalente a las náuseas del primer trimestre humano. Suele resolverse sola. Repartir la comida en tomas más pequeñas y frecuentes ayuda a que coma mejor esos días.
Último tercio: subir energía y pasar a pienso de cachorro
A partir de la semana 6 los fetos crecen rápido y el útero ocupa cada vez más espacio abdominal. Aquí cambian dos cosas a la vez: la perra necesita más energía y le cabe menos alimento en cada toma.
La respuesta nutricional estándar es cambiar a una dieta más densa en energía y nutrientes. La opción habitual y avalada es un pienso formulado para crecimiento y reproducción, es decir, un buen pienso de cachorro completo. Estas dietas concentran más calorías, proteína, calcio y fósforo por gramo, de modo que la madre cubre sus necesidades comiendo un volumen menor en cada ración (Merck Veterinary Manual, Feeding Practices in Small Animals).
Para elegirlo bien, conviene buscar en la etiqueta una declaración de adecuación nutricional para "gestación y lactancia" o "crecimiento y reproducción". En la regulación europea esa idoneidad se define en las guías FEDIAF; en la estadounidense, en los perfiles nutricionales AAFCO para "Growth and Reproduction". Un pienso etiquetado solo para "mantenimiento de adulto" puede quedarse corto en este periodo.
El aumento de ración en el último tercio es gradual. La referencia veterinaria sitúa la ración del último tercio en torno a un 20 a 30 % por encima de la de mantenimiento, repartida en varias tomas al día (Merck Veterinary Manual, Feeding Practices in Small Animals). La cifra exacta depende del tamaño de camada y de la condición corporal, y la decide el veterinario que sigue la gestación.
Cerca del parto muchas perras reducen o rechazan la comida durante 24 a 48 horas. Es un signo normal de proximidad del parto y no debe forzarse la ingesta.
Calcio: por qué no suplementar a la ligera
Aquí está el error más peligroso de la nutrición reproductiva canina. Parece lógico pensar que una perra que va a fabricar leche con calcio necesita un extra de calcio durante el embarazo. La realidad veterinaria es la contraria: suplementar calcio durante la gestación aumenta el riesgo de un problema grave en la lactancia.
El cuadro se llama hipocalcemia puerperal o eclampsia (también "fiebre de la leche"), y consiste en una caída brusca del calcio en sangre durante las primeras semanas tras el parto, cuando la producción de leche está en su punto más alto. Es una urgencia veterinaria que puede cursar con inquietud, rigidez, temblores, fiebre y convulsiones, y que requiere tratamiento inmediato (Merck Veterinary Manual, Eclampsia in Small Animals).
El mecanismo es el siguiente. Las hormonas que regulan el calcio (sobre todo la paratohormona) necesitan estar "entrenadas" para movilizar calcio del hueso a la sangre cuando la demanda de la lactancia se dispara. Si la perra recibe calcio extra durante la gestación, ese sistema de regulación se vuelve perezoso. Cuando llega el parto y la glándula mamaria empieza a extraer grandes cantidades de calcio para la leche, el organismo no reacciona a tiempo y la calcemia se desploma. Las razas pequeñas con camadas numerosas en relación a su tamaño están entre las más afectadas.
La conclusión práctica de las guías es directa: durante la gestación no se añade calcio, ni en polvo, ni en pastillas, ni en forma de quesos o lácteos como "refuerzo". Un buen pienso de gestación y lactancia ya aporta el calcio y el fósforo en la proporción correcta. Cualquier suplemento se administra únicamente si lo prescribe el veterinario por un motivo concreto, y el momento de mayor utilidad del calcio suplementario, cuando se indica, es durante la lactancia bajo control, no antes.
Lactancia: el verdadero pico de demanda
La cima del esfuerzo metabólico llega con la lactancia, no con el embarazo. Una perra amamantando una camada grande puede llegar a necesitar entre dos y cuatro veces su energía de mantenimiento, con el máximo alrededor de las semanas 3 a 4 tras el parto, justo cuando los cachorros crecen más rápido y aún no han empezado a comer sólido (Merck Veterinary Manual, Feeding Practices in Small Animals).
Cubrir esa demanda comiendo "raciones normales" es físicamente imposible para la mayoría de perras, y el resultado es pérdida de peso, agotamiento y caída de la producción de leche. Por eso durante toda la lactancia se mantiene el pienso de gestación y lactancia (el mismo de cachorro de alta densidad del último tercio) y, en camadas grandes, muchos veterinarios recomiendan alimentación a libre disposición o casi: dejar comida disponible para que la madre coma cuanto necesite a lo largo del día.
El número de tomas también sube. Frente a las dos comidas diarias del adulto, en plena lactancia es habitual ofrecer de tres a cuatro tomas o más, precisamente porque el volumen total de alimento es muy alto y conviene fraccionarlo. A medida que los cachorros se destetan, alrededor de las semanas 6 a 8, la producción de leche cae y la ración de la madre se reduce de forma progresiva hasta volver al pienso y la cantidad de mantenimiento.
Agua: el nutriente que más se olvida
La producción de leche dispara también las necesidades de agua. La leche es en su mayoría agua, y una perra que amamanta una camada numerosa pierde mucho líquido cada día. Una perra lactante deshidratada produce menos leche y se descompensa con facilidad.
La pauta es sencilla y no admite atajos: agua fresca y limpia siempre disponible, en varios puntos accesibles, durante toda la gestación y muy especialmente en la lactancia (WSAVA Global Nutrition Committee). Si la perra come pienso seco en estas semanas de alta demanda, vigilar que beba lo suficiente es parte del cuidado básico de la camada.
Errores frecuentes que conviene evitar
- Engordar a la madre en el primer tercio: sobrealimentar pronto no nutre a los fetos y aumenta el riesgo de parto complicado.
- Añadir calcio "por si acaso" durante el embarazo: predispone a la eclampsia en lugar de prevenirla.
- Mantener pienso de adulto de mantenimiento en el último tercio y la lactancia: puede no aportar la densidad de energía y nutrientes que la perra necesita.
- Dietas caseras improvisadas sin formular: un menú casero para gestación y lactancia debe estar diseñado por un veterinario con formación en nutrición, porque los desequilibrios de calcio y fósforo en esta etapa tienen consecuencias rápidas.
- Olvidar el agua: la lactancia multiplica las necesidades de líquido.
Toda gestación canina debe llevar seguimiento veterinario, y el plan de alimentación por fases se ajusta al caso concreto: tamaño y raza de la perra, número de cachorros y su condición corporal. Lo anterior es el marco general; las cantidades exactas las pone quien sigue a la madre y la camada.
Fuentes consultadas
- WSAVA Global Nutrition Committee. Nutritional requirements during gestation and lactation (https://wsava.org/global-guidelines/global-nutrition-guidelines/)
- Merck Veterinary Manual. Feeding Practices in Small Animals (https://www.merckvetmanual.com/management-and-nutrition/nutrition-small-animals/feeding-practices-in-small-animals)
- Merck Veterinary Manual. Eclampsia in Small Animals (https://www.merckvetmanual.com/metabolic-disorders/disorders-of-calcium-metabolism/eclampsia-in-small-animals)
- AAFCO. Dog Food Nutrient Profiles: Growth and Reproduction (https://www.aafco.org/)
- FEDIAF (2021). Nutritional Guidelines for Complete and Complementary Pet Food for Cats and Dogs (https://europeanpetfood.org/)